sábado 3 de mayo de 2008

Mi vocación al diaconado permanente


Alguien preguntó al "Blog vocacional de Albacete" sobre el diaconado permanente. Yo, por mi parte siento dicha vocación; de hecho me estoy preparando y, por ello, voy a intentar relatar cómo la he ido sintiendo.
Me llamo Javier y tengo 47 años, estoy casado y con 2 hijas, una de ellas casada. Soy funcionario de profesión.
Debo empezar diciendo que vocación, todos la tenemos en la vida: hay vocación a un cierto trabajo, a un hobby determinado, al matrimonio, vocación sacerdotal. Yo me voy a centrar en mi vocación al Diaconado permanente, que es un ministerio dentro del sacramento del orden, en grado inferior al Presbiterado y por supuesto al Episcopado.
Como cristianos todos tenemos una vocación general que es a la santidad, que nos viene del misterio Pascual de Cristo, al cual somos incorporados por el Bautismo; además todos los cristianos tenemos una misión que también proviene del Bautismo y que es evangelizar, cada uno según sus capacidades y en el ámbito propio que le corresponda; así la misión del laico es en el vasto campo del mundo, bien sea en su lugar de trabajo, en la política, en el deporte, es decir, allí donde se ubique debe ser testigo de Cristo y dar testimonio de su "ser" cristiano.
También es cierto que cuando hablamos de vocación o llamada a los Ministerios siempre (al menos yo lo pensaba) creemos que la llamada del Señor va a ser de una manera estruendosa, con una voz que te indica lo que hacer y en qué momento. Pero la verdad, yo la sentí cuando yo ya estaba casado y con mis hijas algo mayores.
Fue con 33 años, más o menos, no es por nada, era la edad que yo tenía, y la verdad, mi vida no era de un hombre de Iglesia, sino de uno de tantos críticos contra la Iglesia que sólo hablaba de ella para criticarla y eso sí para que me dieran los sacramentos que yo quisiera; ¡qué hipócrita! Pero Jesús se fijó en mí y sé que quiere algo de mí, o mejor dicho, quiere todo de mí, porque Él no nos quiere a medias tintas, nos quiere enteros y dispuestos.
Pues como decía, a la edad de 33 años, siendo yo copropietario de un bar, y en un momento preciso, empecé a sentir inquietud, ansiedad, deseo de respuestas, en suma, hambre de Dios; era como una locura preciosa, que hizo tambalearme por completo: todas las excusas que yo había usado para apartarme de la Iglesia y no responder a Cristo se me cayeron por tierra, y fue esa mirada al Crucificado, sólo y muriendo por mí… lo que me hizo cambiar. Ese encuentro y ese planteamiento me hicieron empezar a buscar respuestas y ¿dónde buscarlas? Pues, en mi casa, en mi Iglesia; empecé por hacer un repaso a fondo de mi vida, y terminé por confesarme, pues llevaba ya alguno años a mi aire, y necesitaba pedir perdón y consejo: poco a poco me ayudaron a ponerme en camino, y empecé a serenarme y a encontrar respuestas.
En un principio, cuando empecé a leer el Evangelio, debo decir que me hizo daño en lo más profundo de mi se: Cristo muere por nosotros por amor y yo ¿cómo le respondo? ¿qué debía hacer? Mi primera reacción era dejarlo todo y lanzarme de lleno al Evangelio, pero me planteé unas premisas: Cristo me llama ahora, casado, ya algo mayor, aunque no viejo, luego si quiere algo de mi será tal como soy, aunque actuando de otra manera.
De esa manera me puse en sus manos, le dije "lo que tu quieras de mi" pero guíame tú. Y así lo está haciendo; me guió, primero a mi Parroquia (El Pilar) donde mi Párroco (D. José) nos llamó para el grupo de familia; luego para catequesis, liturgia…. Entonces descubrí que necesitaba estudios para poder servir "dando respuestas de mi esperanza", y entonces empecé los estudios teológicos en el Instituto Teológicos de Albacete sacando la licencia en Ciencias Religiosas, y poco más tarde, también hice un Máster en bio-ética, esto ya fuera de Albacete. Dios me ha dado fuerza para hacerlos y yo he puesto también mi parte de esfuerzo.
Poco a poco, he ido entendiendo lo que Dios me pedía, y las necesidades de la Iglesia han sido como una llamada a servir a Dios en su Iglesia que es también la mía, y por eso, yo sigo respondiendo, con el deseo de que lo que él quiera de mi, que lo tome y aquí estoy yo para servirle, y por ello yo me digo interiormente: "estoy Señor para hacer tu voluntad".
También añadiré que, como laico, he estado en la mayoría de las vocalías de una Parroquia, pero mi labor, mi servicio, lo entiendo que ha de ser un compromiso serio y de por vida, una entrega a Cristo a través de su Iglesia, y eso lo he descubierto a través del Diaconado permanente, que entiendo como mi vocación, como llamada de Dios a servir desde mis posibilidades y limitaciones.
Tengo que dar gracias a Dios de que mi esposa e hijas entiendan y apoyen mi vocación y estén conmigo en todo, pues desde el principio les expuse esta llamada y enseguida la entendieron y apoyaron, pues vieron el gran cambio que se había producido en mí.
Para terminar diré que nuestro Obispo D. Ciriaco, me animó cuando se lo propuse y me dio todas las facilidades, así como Pedro Ortuño que me ha guiado en los trámites y formación para algo tan importante como es el Ministerio Diaconal en la Iglesia, teniendo por cierto que la iniciativa para toda vocación, siempre parte de Dios; Él siempre está llamándonos para un servicio u otro, nosotros sólo debemos estar a la escucha y responder afirmativamente a su llamada, y puedo asegurar que el deseo de servirle así es algo que me llena de alegría y me desborda.
Javier

viernes 4 de abril de 2008

Diaconado permanente

Es el Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen gentium 29, donde habla del diaconado como sacramento en grado inferior de la jerarquía, ordenado no al sacerdocio, sino en orden al ministerio.
Después de indicar en qué consiste dicho oficio o servicio en la Iglesia, fundamentalmente servir al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad, habla de que “se podrá restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente en la jerarquía. Tocará a las distintas conferencias episcopales el decidir si es oportuno para la atención de los fieles, y en dónde establecer estos diáconos. Con el consentimiento del Romano Pontífice, este diaconado se podrá conferir a hombres de edad madura, auque estén casados, también a jóvenes idóneos; pero para éstos debe mantenerse firme la ley del celibato”.
Como aplicación de esta decisión del Vaticano II, en Albacete hay tres diáconos permanentes, ordenados en la década de los 90 del siglo pasado; hay otro diácono misionero emérito.
El camino ordinario para ser candidato al diaconado es sentirse llamado a servir a Dios y a la Iglesia en este ministerio o servicio.
Como en toda vocación religiosa, esto exige, en primer lugar, tener clara y vivir la vocación cristiana, es decir, ser cristiano practicante, recto, y por tanto sentirse miembro vivo, comprometido, en la parroquia o comunidad cristiana donde está inserto, y desde ahí sentir el deseo de responder a una llamada interior para servir más a fondo y de por vida a la Iglesia, bajo la autoridad y en comunión con el Obispo y demás presbíteros de la diócesis. A esto deben acompañar otras cualidades básicas de tipo humano, intelectual y espiritual. Si es hombre casado, la esposa debe estar de acuerdo, y debe también conocer las responsabilidades que asumirá como diácono.
El cauce a seguir para iniciar el proceso hacia el diaconado es, en primer lugar, presentarse ante el obispo y manifestar sus indicios de vocación, y lo normal es que lo presente o avale el sacerdote de la comunidad de donde procede, que es donde lo conocen.
Al Obispo corresponde decidir si ve la necesidad de diáconos en su diócesis, ya que cada diócesis tiene sus peculiaridades y necesidades, y el diaconado no se confiere sin más, para disfrute personal como quien acumula títulos, sino que se admite al orden de los diáconos a alguien dispuesto a servir a la Iglesia.
Cuando el Obispo da el visto bueno, lo ve posible, es entonces cuando se iniciará el tiempo de preparación propiamente, comprendiendo estudios teológicos, formación espiritual al tiempo que va madurando en la vocación, bajo la tutoría de un sacerdote a quien lo confía el obispo.
En la actualidad, en Albacete hay dos candidatos que están en esta fase de preparación.
Pedro Ortuño Amorós, Rector del Seminario

jueves 27 de marzo de 2008

II Encuentro de Coros Parroquiales




El sábado, 5 de abril, tendrá lugar en el Auditorio Municipal de Albacete, el II Encuentro de Coros Parroquiales, organizado por Pastoral Vocacional de Albacete, con un doble objetivo: por una parte juntarse para compartir la tarea que semana tras semana llevan a cabo en las distintas parroquias, como es la animación del canto en las celebraciones. En esta ocasión es una oportunidad de darse a conocer unos grupos de jóvenes cristianos, que tienen unas mismas inquietudes, por lo que también interpretarán canciones con mensaje evangélico, algunas de ellas compuestas por el mismo grupo que las interpreta.
Por otra parte, el lema del Encuentro “Jóvenes, testigos de Jesús”, ya indica cuál es la misión de estos jóvenes en las parroquias, y es esto mismo lo que quieren cantar y proclamar en este encuentro, en un lugar distinto del ámbito parroquial, y que como en el año anterior, se espera que esté a rebosar, con toda seguridad no quedará una butaca libre.
La entrada, al precio de 1 Euro, es algo simbólico, y se destinará a financiar la instalación de unas placas solares en un centro escolar en Burkina Faso, donde se electrificará una sala de estudio, ya que no se dispone de luz eléctrica, haciendo así posible que escolares puedan estudiar y hacer sus deberes. Es una pequeña colaboración con un país muy pobre, el tercero por la cola del mundo. Habrá también entradas “Fila 0”, igualmente a 1 Euro para aquellos que quieran colaborar en este miniproyecto; pueden obtener dichas entradas en el grupo de jóvenes del Coro de cada parroquia que participa en el Encuentro.
Los Coros participantes proceden de las Parroquias de La Sagrada Familia, San José, San Francisco, El Pilar, La Asunción, Peñas de San Pedro, Bienservida, Fátima y El Espíritu Santo.
El Ayuntamiento de Albacete colabora poniendo a disposición de los Coros el Auditorio Municipal.

martes 25 de marzo de 2008

"...el tiempo que Dios os regala..."

“Queridos jóvenes, no permitáis que el tiempo que Dios os regala transcurra como si todo fuese casualidad… Queridos jóvenes, si escucháis en vuestro interior la voz de Dios que os llama a seguirle, no la acalléis…”

Estas palabras que Juan Pablo II decía a miles de personas en un encuentro mundial de jóvenes, era imposible que fueran dirigidas a mi, él que sabía lo que pasaba por mi cabeza, nadie lo sabía. Era de locos la idea que de vez en cuando me rondaba ¿por qué a mi Dios me iba a llamar? Decidí que lo mejor era no hacer caso, dejarlo pasar, no hablarlo con nadie. Pero Dios insistía, no se cansaba y una y otra vez pensaba en la idea de la vocación. Hasta que un buen día el Señor puso en mi camino a uno de esos ángeles que aparece en los momentos más importantes de tu vida, que dio la “casualidad” era un sacerdote de Albacete y se me ocurrió hablar con él. No sabía bien que decirle, aunque rápidamente deseché la típica frase de “mira no vengo por mi es que tengo una amiga que…” y recuerdo que le pregunté algo así como ¿uno cómo sabe cual es su vocación? De esta forma le abrí la puerta al Señor, le di mi pequeño sí para que continuara en lo que parecía estar empeñado, le dije sí a buscar su voluntad, sí a conocer las distintas vocaciones en la Iglesia, si a encontrar en proyecto de felicidad que Él había pensado para mi. El Señor no tardó en hablarme, como siempre lo hace, en lo concreto y cotidiano que cada día vivimos.
No os he dicho que me llamo Ángela y que soy de Madrid. Por entonces mi vida transcurría normal: familia, amigos, trabajo, estudios… Desde aquella conversación nada extraordinario ocurrió: ninguna experiencia mística, ninguna manifestación especial de Dios… nada. Es verdad que en mi tiempo Dios cada vez ocupaba un lugar más importante y que mi vida se iba llenando más de Él. Por entonces, preparaba oposiciones de Psicología. Desde muy niña me había inquietado el sufrimiento profundo del hombre y cómo aliviarlo. Pensé que la psicología era la respuesta, pero no me convenció del todo, buscaba algo más. Como sabéis el 11 de marzo de 2004 vivimos en Madrid una gran tragedia, un momento de intenso dolor, a causa de los atentados. El Señor quiso que estuviera allí, cerca de las familias de las víctimas. Allí, en ese gran Getsemaní, al pie de la cruz, junto a esas familias que sufrían y se preguntaban por qué pude comprender que sólo Dios puede consolar el corazón del hombre, que sólo Él puede sanar las heridas profundas del ser humano. Allí me habló Dios donde menos los esperaba, donde tanta gente creía que no estaba. Y le volví a decir sí, sí a llevar su amor, su misericordia, su ternura, pero ¿cómo? ¿dónde? Fue entonces cuando este sacerdote con el que hablaba me presentó a las Hermanas de la Consolación, en su carisma, en su forma de vivir… reconocí lo que Dios desde siempre me había puesto en el corazón y así es como entré en la Congregación.
Ahora soy novicia que es una etapa dentro de la vida religiosa en la que no tenemos una misión hacia fuera sino que nuestra tarea principal es conocer y hacer experiencia de Dios y de este estilo de vida. Es el tiempo de formarnos por dentro, el momento de poner los cimientos de nuestra casa, el tiempo en que la semilla bajo tierra va echando raíces. El noviciado no es fácil de comprender en un mundo que vive acelerado y que busca el fruto inmediato, un trabajo como este de Dios, que se hace en el silencio, a un ritmo lento, sin hacer ruido, delicadamente y del que apenas puede verse ningún cambio. El tiempo de noviciado es como la vida oculta de Jesús, lo años que pasó en Nazaret conociendo al Padre y desde Él la realidad que le rodeaba y donde también se preparó para la misión. Es un momento necesario y privilegiado, porque ¿quién tiene en sus manos los recursos, las facilidades, los medios, el tiempo para dar unidad y sentido a su vida?
Que todo nos ayude a crecer en pasión por Dios y en compasión por la humanidad.

sábado 8 de marzo de 2008

Buenas noticias del Seminario


Aunque nuestros seminaristas no son numerosos, sin embargo son noticia porque la vocación no es vocación a ser seminaristas, sino a ser cura, sacerdote, y hay ciertos acontecimientos que nos hablan que sí, que van madurando en su vocación, y que se van viendo los frutos, resultado de la acción del Señor y también de la acogida personal de cada uno a la llamada del Maestro, y gracias también a tantos colaboradores de Jesús como son la misma comunidad del Seminario, los formadores, profesores, y tantas personas que de una u otra forma oran, apoyan, ayudan en la formación de los sacerdotes.
Todo ello ha creado un ambiente favorable que los hace estar dispuesto para trabajar en la viña del Señor, que es la Iglesia, nuestras parroquias.
Las noticias son:
En primer lugar, la admisión como candidatos a las Sagradas Órdenes de Pedro José González Rodenas, de la parroquia del Sagrado Corazón, y que está realizando su cuarto año de Estudios Eclesiásticos. El Rito de Admisión tendrá lugar esta tarde, 8 de marzo, en la parroquia de Santa María del Salvador de Chinchilla, en el encuentro de jóvenes de la zona pastoral de Albacete que se está desarrollando en dicho pueblo.
En segundo lugar, y una semana más tarde, el sábado, 15 de marzo, a las 11h, tendrá lugar la Ordenación de Diácono de Luis Salvador Ruescas Juárez, de Villarrobledo y de la parroquia de Santa María, que está realizando su año pastoral en la parroquia de la Asunción de Albacete. Durante unos meses, seguirá ejerciendo su ministerio diaconal en dicha parroquia, siendo el próximo paso, la ordenación de presbítero, que será, Dios mediante, pasado el verano.
Los felicitamos a uno otro, y oramos por ellos pidiendo al Señor que los asista con la fuerza de su Espíritu y así sean fieles a la llamada, y al Diácono en el servicio que se le confía.

Pedro Ortuño Amorós, Rector del Seminario.